Enseñanzas

Abriendo las puertas del cielo

Antes de que haya la manifestación del poder de Dios, siempre debe haber arrepentimiento.

Juan Bautista decía:

y diciendo: Arrepentíos, porque el reino de los cielos se ha acercado (Mateo 3:2)

Jesús comenzó a decir:

Desde entonces comenzó Jesús a predicar, y a decir: Arrepentíos, porque el reino de los cielos se ha acercado (Mateo 4:17)

Y yendo, predicad, diciendo: El reino de los cielos se ha acercado. Sanad enfermos, limpiad leprosos, resucitad muertos, echad fuera demonios; de gracia recibisteis, dad de gracia (Mateo 10:7, 8)

El arrepentimiento es necesario para que los pecados sean perdonados, su justicia, el don del Espíritu Santo y reino se manifieste en nuestra vida y nación.

Pedro dijo:

Arrepentíos, y bautícese cada uno de vosotros en el nombre de Jesucristo para perdón de los pecados; y recibiréis el don del Espíritu Santo (Hechos 2:38)

Así que, arrepentíos y convertíos, para que sean borrados vuestros pecados; para que vengan de la presencia del Señor tiempos de refrigerio (Hechos 3:19)

¿De qué tenemos que arrepentirnos para que venga tiempos de refrigerio?

Jesús dijo:

Y he aquí un intérprete de la ley se levantó y dijo, para probarle: Maestro, ¿haciendo qué cosa heredaré la vida eterna? Él le dijo: ¿Qué está escrito en la ley? ¿Cómo lees? Aquél, respondiendo, dijo: Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con todas tus fuerzas, y con toda tu mente; y a tu prójimo como a ti mismo. Y le dijo: Bien has respondido; haz esto, y vivirás. (Lucas 10:25-28)

Muchos dirán yo amo a Dios, sin reflexionar que no hay verdadero amor sin una entrega de todas las siguientes áreas:

(1) Con todo el corazón, (2) Con toda el alma, (3) Con todas las fuerzas, (4) Con toda la mente.

El amor verdadero a Dios requiere de la entrega total (no parcial) de  estas áreas a él.

¿Realmente le hemos entregado todo a Dios para decir que le amamos?

No os engañéis; Dios no puede ser burlado: pues todo lo que el hombre sembrare, eso también segará (Gálatas 6:7)

Y el segundo mandamiento semejante al primero es:

Amaras a tu prójimo como a ti mismo

Muchos dirán yo amo a mi prójimo, pero en este caso abría que preguntarnos si esto es cierto, ¿por qué no nos hemos procurado que tengan una mejor calidad de vida y que no sufran injusticias y necesidades?

Respondió Jesús y le dijo: El que me ama, mi palabra guardará; y mi Padre le amará, y vendremos a él, y haremos morada con él. (Juan 14:23)

Si tu no amas de esta forma a tu prójimo eres un mentiroso y mucho menos amas a Dios.

Si alguno dice: Yo amo a Dios, y aborrece a su hermano, es mentiroso. Pues el que no ama a su hermano a quien ha visto, ¿cómo puede amar a Dios a quien no ha visto? (1 Juan 4:20)

Cuando tu haces un bien a un necesitado amas a Dios porque en realidad le estas dando a él.

A Jehová presta el que da al pobre, Y el bien que ha hecho, se lo volverá a pagar (Proverbios 19:17)

La ley del amor es dar y esta activa la ley de siembra y cosecha.

Hay quienes reparten, y les es añadido más; Y hay quienes retienen más de lo que es justo, pero vienen a pobreza (Proverbios 11:24)

Respondió Jesús y le dijo: El que me ama, mi palabra guardará; y mi Padre le amará, y vendremos a él, y haremos morada con él. (Juan 14:23)

Lo malo que acontece en el mundo es por no amar al prójimo y esto deja abierta muchas puertas para que la maldad impere con engaños y divisiones entre los que deben amarse, porque en realidad al no amar al prójimo no amamos a Dios; habiéndole de esta forma cerrado la puerta impidiendo que él nos ayude.

Obedezcamos el mandato de Dios para que nos vaya bien para siempre.

¡Quién diera que tuviesen tal corazón, que me temiesen y guardasen todos los días todos mis mandamientos, para que a ellos y a sus hijos les fuese bien para siempre! (Deuteronomio 5:29 RVR1960)

Arrepintamos y demos en nuestro andar una vuelta de noventa grados, pidamos perdón a Dios por nuestros pecados y comencemos a amar a nuestro prójimo,  para que nuestro Padre nos oiga, perdone y sane nuestra tierra.

Si se humillare mi pueblo, sobre el cual mi nombre es invocado, y oraren, y buscaren mi rostro, y se convirtieren de sus malos caminos; entonces yo oiré desde los cielos, y perdonaré sus pecados, y sanaré su tierra (2 Crónicas 7:14)

Pastor J. Gehez Encinas

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